Live! Pulp

 

Pulp es una banda que siempre ha hecho del directo una seña de identidad, ya en los lejanos años 80 cuando el proyecto personal de Jarvis Cocker, titubeante y polimorfo, se estrellaba una y otra vez en busca del éxito. Registros audiovisuales de sus actuaciones no faltan, desde los fascinantes conciertos londinenses en Brixton Academy en 1995 y en Finsbury Park en 1998 – recogidos en el DVD Ultimate Live – hasta el derroche en Glastonbury 2025 en el que aparecieron por sorpresa bajo otro nombre y del que hay sobrada constancia en internet. Faltaba, por tanto - más allá de la grabación del concierto televisado del Town & Country Club, Party Clowns: Live in London 1991 - un disco de directo en condiciones y resultaba anómalo que no existiera. Pero Pulp en sí es una anomalía, como lo es Jarvis Cocker. Pensemos en una banda que cuando descubre la llave del estrellato con su álbum Different Class, deliberadamente se sale de la senda en sus dos discos siguientes, que además y durante dos décadas fueron los últimos. Pensemos que en el momento álgido de su popularidad deciden hacer un alto y desaparecen durante más de veinte años. Pensemos en un cantante que lo fue sin posibilidad de elección. Pensemos en Pulp.

Este disco está extraído del concierto en el O2 de Londres el día 13 de junio de 2025. Como se señala en la carpeta el concierto que hace el número 566 de su historia como banda. El momento es importante: solo siete días antes se había publicado More, el que era su nuevo y brillante disco después de un largo silencio desde 2001 y dos años después de su imprevista y gloriosa resurrección por los auditorios y festivales del Reino Unido, extendidos a continuación a Europa y América. En esos dos años de gira Pulp había ido creando un nuevo cuerpo de canciones que cristalizaron en el disco de estudio, canciones que eran testadas ante el público y confirmando que la banda estaba doblemente viva, que no se limitaba a reproducir de modo nostálgico sus canciones conocidas. Allí estaban todos los que eran cuando se despidieron, excepto el bajista Steve Mackay, que declinó sumarse a la gira y falleció poco después, antes de que empezara. Pulp no era un dinosaurio rescatado de la extinción, era un animal lleno de vida que había despertado de una larga siesta y se disponía a salir de noche. Live! da testimonio de su exuberante estado.

“Make Some Noise”. El doble álbum se abre con la voz de la actriz escocesa Kelly Macdonald que pide al público que hagan ruido, que se manifiesten, como cuando piden una canción más. En la pantalla del auditorio se reproduce la frase. Realmente no hacía falta: el público está entregado de antemano, como lo estuvo en el primer concierto de la gira cuando había mucha hambre atrasada de Pulp, como si fuera imposible saciarse. La secuencia del álbum – que no coincide exactamente con la del concierto – se inicia con dos canciones del disco que acaba de publicarse: “Spike Island”, un nuevo enlace con el sonido festivo de los años 90, y “Slow Jam”, que conecta con el otro lado de Jarvis, el que cuenta historias sin necesidad de seguir bailando. No cuesta nada imaginarle haciéndolo mientras mueve a su manera las manos y retuerce su cuerpo. El público corea el último verso, ya se lo sabe, lo ha aprendido rápidamente. Después  la conocidísima “Sorted for E’s and Wizz”, canción escéptica acerca del fenómeno rave con la que el público del O2 empieza a entrar en el pasado, un pasado que explota en “Disco 2000”, canción que hablaba de un futuro que ahora ya es pretérito. Entre “Spike Island” y “Disco 2000” hay un nexo, un puente que se cruza bailando, una historia que no se explica sin la ciudad de Sheffield, la historia de Pulp y la de la ciudad que enfrentó la crisis con pies ligeros.

A estas alturas, con cuatro canciones ya está dicho casi todo. No todo. “Help the Aged”, suficientemente envejecida por el transcurso del tiempo se vuelve paradójicamente joven, gana en brío y en celebración, la de estar vivos, ellos y nosotros. “Farmers Market” trae de nuevo al cronista urbano que es Cocker. Es otra de las canciones nuevas. La lista va alternando lo nuevo y lo viejo, que no envejece. Entonces llega el minuto crucial en el que la historia de Pulp se revela totalmente, porque hay una parte irrenunciable, alejada de lo comercial y lo vistoso, oscura y a veces difícil de traspasar. Ese lado lo representa a la perfección “This Is Hardcore”, una canción de la que sería fácil y comprensible huir en un concierto, o que podría caerse de la secuencia del disco. No es el caso: se quedan por el camino canciones luminosas como “F.E.E.L.I.N.G.C.A.L.L.E.D.L.O.V.E” y la reciente “Tina”, interpretadas en la primera mitad, pero no falta esta pieza que se alarga casi ocho minutos, que navega por aguas profundas y emerge en un crescendo fabuloso. Jarvis lanza de ese modo a Pulp al terreno de los valientes, el que pisaba con frecuencia Bowie en sus conciertos y en sus discos en directo. El primer disco finaliza con una majestuosa “Sunrise”, el tema que cerraba su álbum We Love Life, la que durante todos estos largos años fue su última canción.

El segundo disco se abre con “Something Changed”, una de sus perlas de siempre, una canción que podría encabezar cualquier antología si no fuera porque pertenece a un disco que tiene más joyas que una corona, Different Class. Abordada en formato acústico, Jarvis invita al público a cantarla. Y la cantan, que no es fácil. Otra canción más de More, “Grown Ups”, un retorno más a Sheffield, y tras él, “O.U.”, el aterrizaje en el punto de partida, un single de cuando Pulp no eran famosos y Jarvis se extrañaba de que no lo fueran. A partir de ese momento ya no queda sitio más que para la fiesta, un encadenado de éxitos que incluye la impresionante dupla que es “Do You Remember the First Time?” y “Mis-Shapes”; la apuesta permanente por el eurodisco, que es algo que ya nadie recuerda, pero que renace esa misma semana en “Got to Have Love”; “Babies” o lo que es lo mismo la canción que nadie debería no conocer, preludiada por Jarvis al recitar la primera estrofa, esa que me hizo absolutamente necesario peregrinar hace años a Stanhope Road; y finalmente, antes del delicado bis que es “A Sunset”, llega el turno a la esperada “Common People”, que parecen obligados a cantar hasta el final de sus días, como los fabulosos Baker Boys cantaban Feelings en Año Nuevo hasta que Jeff Bridges y Michelle Pfeiffer se conjuraron para no hacerlo. Quizá Jarvis debería hacer como Dylan, que ya no canta “Like a Rolling Stone” si no le da la gana. Y no le da. Dos canciones que tratan de lo mismo, por cierto.

Ha sido algo más de hora y media. “El mejor día de mi vida… hasta mañana”, ha dicho en algún momento Jarvis Cocker. Quizá esa frase resuma lo que en la práctica significa este doble álbum en directo. Cabe preguntarse si aporta algo a la carrera de Pulp. La respuesta es sí. Si no fuera así, no estarías otra vez en el principio, escuchando la voz de Kelly Macdonald y preparándote para bailar y hacer ruido, sintiéndote vivo después de todos estos años. Como ellos.

(Texto publicado originalmente en Dirty Rock Magazine)


More


"Esto es lo mejor que podemos hacer", apunta Jarvis Cocker, en la carpeta del disco, y nos anima a disfrutarlo. La ambigüedad calculada del mensaje nos lleva en dos direcciones diferentes: una, que a estas alturas, veinticuatro años después del último disco de Pulp - el fascinante We Love Life -, despertar del sopor de un cuarto de siglo tiene sus inconvenientes; y otra, que Jarvis, Candida Doyle, Nick Banks y Mark Webber han puesto lo mejor de su talento en este regreso por el que ya nadie apostaba cuando anunciaron nueva gira hace dos años. More, escuchado y disfrutado, no es simplemente otro disco más de Pulp, es algo más. Es una sutil evolución en la que a su vez buscan en el pasado con honestidad, sin copiarse a sí mismos indulgentemente, sabedores de que el éxito es una amante huidiza que en estos tiempos pesca en otros caladeros, no en los suyos, y conscientes también de que el pasado no se puede repetir porque no es más que eso, pasado. No es momento para la nostalgia, aunque sea ella la que ha hecho que durante dos años no hayan parado de colgar el cartel de "no hay entradas" por medio mundo y en cada rincón de Inglaterra, entregándose al amor de los grandes recintos y olvidando que una vez fueron una banda que actuaba en salas (The Leadmill quedó atrás, lejanísimo en el tiempo). Dos años de conciertos y de entrega incondicional de su público han engrasado la maquinaria, y poco a poco, como destellos en la galaxia de sus grandes éxitos de siempre, han ido apareciendo nuevas canciones, diseminadas aquí y allá, probadas ante miles de espectadores, sembrando la esperanza de un disco, de una colección de canciones que colmara la larga espera. 

En este paréntesis que ha durado todo lo que llevamos de siglo, Jarvis Cocker ha ido moviéndose lentamente, entreteniéndose en los márgenes del camino. Pulp, al fin y al cabo, fue desde sus inicios un prodigioso ejemplo de ensayo y error, de constante búsqueda. Antes y después de su cima - con His 'n' Hers y sobre todo con el monumental Diferent Class - hay otros fases de Pulp, como hay fases de la luna, y en todas hay belleza. La despedida, un año antes de que la banda decidiera darse una pausa indefinida, fue un disco que no solo no aspiraba al éxito comercial - como tampoco lo buscaba el precedente, el oscuro This Is Hardcore -, sino que parecía desdeñarlo intencionadamente. En esa línea siguió Jarvis su búsqueda en solitario, desde el anonimato enmascarado del proyecto Relaxed Muscle - con Jason Buckle y Richard Hawley -, pasando por sus discos de la primera década de los dos mil, la colaboración con el pianista Chilly Gonzales en la deliciosa anomalía titulada Room 29, el destilado alquímico de Jarv Is, experimento que cristalizó en el disco Beyond The Pale, o la incursión bajo el nombre artístico de "Tip-Top" por carreteras igualmente secundarias, las de la canción en francés en su álbum Chansons d'Ennui. 

En 2022 Jarvis Cocker publicó un curioso libro, Good Pop, Bad Pop, en el que nos invitaba a acompañarle en el repaso de un inventario caótico de objetos guardados durante años, mientras decidía si los conservaba o los tiraba a la basura  A diferencia de aquello, escuchando More se tiene la impresión de que nada de lo que Jarvis ha hecho desde principios de los años 80 ha sido desechado, que permanece de algún modo en su música y en el planteamiento del nuevo disco de Pulp. Lejos de componer un collage o una amalgama de recortes, todo queda integrado, da sustancia y matices a una creación diferente, un paso más en la evolución de su obra. Se preguntaba Jarvis en una de las canciones de Beyond The Pale si debía evolucionar (Must I Evolve?). La pregunta, por el solo hecho de haberla formulado, ya estaba contestada. En esta nueva entrega, un Jarvis Cocker maduro, ya no el treintañero que escribió Help The Aged, se reencuentra con sus viejos colegas para constatar que el tiempo no perdona y que es agradable saber que ellos - salvo Steve Mackey, fallecido en 2023 - todavía están ahí, entendiendo la música del mismo modo que él la entiende. Mackey no está, pero se les une Jason Buckle.

More es una travesía desde el pop potente a las baladas orquestales, pasando por el eurodisco y la influencia en la sombra de Scott Walker. Spike Islands es la señal de salida, y la reconocible voz de barítono de Jarvis cabalga las olas y las amansa, se adueña del espacio entre las líneas de bajo y los golpes de baqueta. ""Nací para actuar, existo para esto: gritar y señalar", dice y se ríe de sí mismo, a la vez que se afirma en su papel, el del desgarbado cantante que siempre parece estar señalando a algo o a alguien entre el público. Es la carta de presentación y la vuelta al sonido de los 90. Todo en este álbum participa del regreso, a lo que fue y a lo que pudo haber sido. Tina retoma esas historias marca de la casa en las que lo imaginado se contrapone a lo real, el morbo se solapa con la frustración. Está hecha con la misma materia que Babies (1992) y recupera su frescura. Tina es en cierto modo lo que fue Debora, la protagonista de Disco 2000 (1995), un nombre para un sueño irrealizable, o al menos no realizado, un pasado que no existió, en el que cobra vida una más de las imaginativas escenas de sexo recurrentes en las canciones de Jarvis Cocker: "Nos lo montamos en una tienda solidaria / sobre bolsas negras de cosas donadas / y el olor de galletas digestivas en el aire". Jarvis, el gran observador, el narrador de la vida en sus más pequeños detalles, resurge también en Grown Ups, una mirada atrás, a los años en que volvía a casa en el autobús, el circular de Sheffield que le llevaba al Intake para anotar un día más en el intento de ser adultos. ¿Alguien puede explicarle por qué Mowgli decidió salir de la jungla y jugar a médicos y enfermeras? Jarvis recita, narra, huye hacia el futuro, hay un ritmo que lo sustenta, oscuro y vital. La música crece teatralmente, el sonido del Farfisa puntea la realidad, la guitarra solista la modela. Todo esto solo puede conducir a Slow Jam que se inicia en la orilla del funk y se torna operística, barroca, densa, tanto que el fin del amor se pierde en laberintos religiosos, muerte, resurrección, y de ahí a a Farmer's Market, otro encuentro, esta vez en un aparcamiento, otra posibilidad que quedó en nada, un relato que hibrida las voces de Serge Gainsbourg y Scott Walker y la de un Jarvis Cocker más adulto que nunca. Es pop exquisito, la continuación natural de las canciones de We Love Life, un túnel del tiempo que nos lleva desde 2001, el año de la odisea espacial, a 2025. En el crescendo final hay un lamento repetido: ¿no es hora de que empecemos a vivir, a sentir?

Jarvis Cocker, atado a una pulsión sexual que dio forma a momentos sublimes en otro tiempo (ahí estuvo en 1995, por encima de todos, Underwear), sabe que un día se apagará, constatación que impregna My Sex y la hace urgente, el mensaje se impone al tempo de la música y lo acelera: "date prisa, mi sexo está fuera de hora, no es eterno". Es el preámbulo a la llamarada escondida en mitad del álbum, Got To Have Love, imparable rompepistas que tras un inicio engañoso no toma ya prisioneros, arrastra al espacio sagrado bajo las bolas de espejo, un espacio imaginario, que ya no existe, porque hoy el éxtasis solo se alcanza, si se puede, en el hacinamiento sudoroso de los festivales. Es el clímax de More. Le sigue Background Noise, Pulp en estado puro, una montaña rusa que arrancó en 1993, en los tiempos de His'n'Hers, en los que el amor es un ruido de fondo, del que solo te das cuenta cuando desaparece.

Después un lento descenso, tres piezas cargadas de emoción y una pizca de melancolía. Partial Eclipse, balada de terciopelo, un punto afrancesada, mecida por violines; en el final el ulular del violín se funde con los teclados y trae el recuerdo de Russell Senior, violinista en el tejado de Pulp hasta que abandonó la nave en el momento de mayor gloria. Jarvis, una vez más, hace del romanticismo y el erotismo algo indisoluble: Con mis manos en tu cintura / me ofreciste un eclipse parcial / Así también fue como empezó la Creación entera. The Hymn of the North, envolvente, poliédrica, llena de matices y de giros, se escapa y vuela alto antes de retornar. Chili Gonzales al piano y el espíritu de Scott Walker guían este canto a Sheffield y al significado de ser norteño, un consejo en forma de canción para los que vienen detrás, que son más sabios de lo que fuimos, que merecen ser felices. La despedida es A Sunset. "Ví la aurora boreal / pero era pálida y débil / y no como me habían dicho". Es un epílogo coral, con Richard Hawley y la familia de Brian Eno, apagando poco a poco la luz de este disco dedicado al ausente, a Steve Mackey.

David Saavedra recomienda "Calles que fueron nuestras"

El periodista y crítico musical David Saavedra comenta su lectura de "Calles que fueron nuestras":

Biografía en paralelo de las carreras de Jarvis Cocker y Richard Hawley poniendo el protagonismo en algo que siempre me encanta, las referencias psicogeográficas a lugares de la ciudad de Sheffield como microcosmos en el que sus canciones alcanzaron la universalidad. Vicedo no da puntada sin hilo en este exhaustivo repaso a ambas trayectorias.


Mackey, Pulp, Hawley

Ayer, 2 de marzo de 2023, falleció Steve Mackey. Su encuentro con Jarvis Cocker cuando ambos vivían temporalmente en Londres propició su entrada en Pulp y el inicio de los años gloriosos de la banda. Fue también el amigo que rescató a Richard Hawley, invitándole a unirse a Pulp como músico de directo y le animó a iniciar su carrera en solitario.

La llamada a Hawley forma parte del Capítulo 9, titulado "El Sol sale a menudo".



TOCANDO FONDO PARA SALIR A RESPIRAR.

Dime, ¿en qué consiste el éxito? Dime, ¿qué has visto allá arriba? ¿Es lo que cuentan todos: drogas, chicas y dinero para quemar? Sí, he oído que es eso y que tú no lo quisiste. Que te bajaste a tiempo de esa montaña rusa, que dijiste que solo un tarado puede pensar que ser una estrella del pop es algo bueno. Jarvis Cocker también se dio cuenta, igual que tú. Debe ser cosa del aire que se respira en Sheffield. Antes que a él le sucedió a Russell Senior. No sois normales, no me digas que sí. A la gente le entusiasma eso, se les ve inflados como sapos, disfrutando de ese lugar en la cumbre al que han llegado fácilmente. No nos engañemos, por mucho que uno lo pelee, esto no es como trabajar en una fábrica. Esto no es lo que hacía tu padre, dejarse la piel todas las horas del día en una fundición, sudando como solo se suda cuando estás cerca de un horno. Esto, aunque te lo trabajes no es lo mismo. Y de repente tienes lo que nunca tuvo tu padre, y en cantidades que no podrías haber imaginado. Pero dices que no y te bajas. Por cierto, ¿cómo se hace para bajar de una montaña rusa que está en marcha? Me lo tendrás que contar, porque tú lo hiciste. Vale que de haber seguido allí habrías muerto. Lo dices y yo lo creo. Si Longpigs hubieran seguido adelante y tú con ellos, no estarías vivo. Demasiado alcohol, demasiadas drogas. Y esa llamada de Steve Mackey, tu viejo compañero de escuela, te salvó. Encontraste en Pulp más que un refugio, más que una tabla de salvación, encontraste a unas personas que habían pasado por lo mismo que tú estabas pasando. Se dice que alguno había estado enganchado a la heroína. El caballo estaba haciendo muchas carreras en Sheffield desde que cerraron las fábricas y los camellos se multiplicaron; todos los suburbios tenían problemas, y en las ciudades satélite era peor: Catcliffe, Rotherham, la heroína se había adueñado de la escena, se había convertido en algo ordinario, era algo terrorífico. Tú no caíste en eso, no formaba parte de la ecuación, dices. Pero de todo lo demás sabes bastante, de joven te enredaste en lo que tenías a mano: setas, ácido, speed, es lo que hay cuando no tienes otra cosa que hacer. Y  la cocaína, la dama blanca no era de tu ambiente, pero la línea era tan fácil de cruzar. Lo dejaste ya, solo canutos y cerveza. Porque te llamó Mackey. Te gusta bromear diciendo que te invitaron porque eras la única persona “común” que conocían. Pero la realidad es que eras el guitarrista más grande que conocían, alguien de quien se decía que era capaz de tocar ‘All Along The Watchtower’ mejor que Hendrix. Alguien a quien Russell Senior pedía consejo cuando quería comprar una guitarra, capaz de conseguir una rebaja en el precio al detectar el año de fabricación por el tipo de madera utilizada. Y con ellos encontraste la paz, con Jarvis Cocker, que había visto el reverso del éxito y lo había vomitado en “This Is Hardcore”, con una banda que se iba a despedir con un álbum titulado “We Love Life”. Tu romance con los excesos del rock había terminado. Habías visto lo difícil que era tomar las cosas en serio cuando la gente que te rodea y tú mismo estáis permanentemente borrachos. Con Pulp todo parecía ser diferente, divertido, Jarvis estaba relajado y la gira de “We Love Life” fue bucólica. Y entonces, después de no haber prestado demasiada atención a las advertencias de tu mujer, tu padre, tus amigos, solo entonces supiste que estabas a salvo.


Adiós a The Leadmill

The Leadmill está amenazado de cierre, y Richard Hawley ha anunciado los que pueden ser sus últimos conciertos en el local. Allí debutó Pulp y actuaron numerosas veces. Hawley pisó su escenario por primera vez en 1984 con Treebound Story. La fotografía que tomó Rosa Campos en nuestra visita de 2018 sirvió de portada para "Calles que fueron nuestras". En él se habla mucho de The Leadmill.

 


La de The Leadmill, regentado por unos hippies reciclados y ubicado en un antiguo garaje para autobuses, sería su primera actuación en Sheffield, lo que rememora una placa a la entrada del local con el consabido “Aquí actuó por primera vez Pulp el 8 de agosto de 1980”. Por aquel entonces no tenía siquiera barra de bar y el escenario era una simple tarima. Nada glamuroso y además eran los penúltimos del cartel. La actuación fue horrible. Coinciden en ello dos futuros miembros de Pulp que asistieron esa noche: Russell Senior, para quien ser los octavos de nueve en el cartel era incluso estar demasiado arriba en la lista, y Peter Boam, a quien causaron la impresión de ser “la peor basura de banda en Sheffield”.

(Del capítulo Cuatro: "Cómo llegar a ser una estrella del pop")

En el año 2015, cuando se cumplieron treinta y cinco de su primera actuación en Sheffield, fueron reconocidos con una placa homenaje en la fachada de The Leadmill, una cita en la que el único miembro sobreviviente de aquel lejano día era el propio Cocker. Paradójicamente, su ejemplo era peligroso para otras bandas, porque parecía que una travesía del desierto de largos años finalmente debía conducir al éxito, cuando en realidad ellos eran la excepción que confirmaba la regla. Fueron un diminuto punto de luz viajando desde el inicio de la década de los ochenta, solo visible en el sur del condado de Yorkshire; una llamarada resplandeciente a mediados de los noventa, que iluminó Europa; un fulgor decreciente alejándose hasta desaparecer en la frontera del nuevo milenio. El cometa Pulp se fue siguiendo su extraña órbita. Pero para aquellos momentos en que estuvo en nuestro cielo vale como ninguna la frase de Russell Senior, referida al concierto en el club de rugby en 1984: “La verdad y la belleza estuvieron allí esa noche”.

(Del capítulo Once: "Pulp, los últimos de un linaje")

Sheffield y Manchester

Juanjo Mestre plantea en su intervención las similitudes entre la escena musical y las motivaciones en Sheffield y en Manchester. Jarvis Cocker, Morrissey, la crisis industrial y el cambio político salen a relucir.
Valencia, George Best Club. 23 noviembre, 2019.

Si no puedes ver el video pincha el enlace https://youtu.be/otNNUkR-m2Y

Insurrección

El historiador y escritor José Luis Ibáñez Salas se refiere a "Calles que fueron nuestras" en el blog "Insurrección".

 

Must I evolve?

Jarvis Cocker colocaba su bolsa de equipaje en el avión. Minutos después miraba con sorpresa su nombre y la imagen del Leadmill en la portada de "Calles que fueron nuestras", y firmaba en la primera página con una dedicatoria. Alguien me envió esas fotos hace un año. Volvía Jarvis de Barcelona, donde había actuado en el Primavera Sound, y esa noche, la primera de junio, había grabado en directo "Children of the Echo", la canción que cierra su último disco, JARV IS. No pude estar en Barcelona, pero mucho más había lamentado no estar en Reykjavík dos años antes, cuando todo empezó, en el Harpa, invitado Jarvis por Sígur Ros para despedir el año 2017. Mi amigo Joaquín Linares, residente en Islandia y sabedor de que andaba yo por entonces tramando un libro sobre Pulp, me había avisado, pero las fechas no cuadraron.

JARV IS es un proyecto más, que sucede a las muchas versiones de esa banda evolutiva que fue Pulp, y a Relaxed Muscle, y a su etapa en solitario, y a la sorprendente colaboración con Chilly Gonzales. Jarvis Cocker necesita moverse, estar en permanente búsqueda, pero siempre es reconocible. En cada proyecto está el germen del siguiente, en cada nuevo paso están incorporados los anteriores. Como sucedía con Bowie, a quien tanto admira. Hay mucho Bowie en Jarvis, también en JARV IS, esa idea que nació en el frío invierno islandés y que rezuma Sheffield por los cuatro costados. Dos de las canciones, "Must I Evolve?" y "Sometimes I Am A Pharaoh" están grabadas en la caverna del Peak District, a un cuarto hora del centro de la ciudad. En ese mismo lugar, también conocido como Devil's Arse, en la villa de Castleton, su amigo Richard Hawley ha registrado dos discos en directo. A Jarvis la caverna le da pie a algo más que música: es el entorno perfecto para reflexionar sobre la vida, sobre el ser humano, sobre él mismo. Jarvis ya no es el muchacho larguirucho que llevó a Pulp a los cielos. Jarvis tiene mi edad, año más, año menos.

"¿Debo evolucionar?", es la pregunta. Jarvis retrocede en la noche de los tiempos, al estallido primigenio, a las células de las que surgimos, y en un giro magistral lo conecta con el trance tribal de las "raves" de los ochenta. La pregunta encierra todos los niveles, el personal, el colectivo, y también el musical. ¿Es este JARV IS una mutación, un paso adelante evolutivo de Jarvis? Si pensamos que nunca se estancó desde aquel lejano primer disco de Pulp, no lo va a hacer ahora. Pero ¿dónde está esa diferencia? Las huellas de "This is Hardcore" están aquí, y eso significa remontarse a un disco del siglo pasado. La presencia de Jason Buckle, con quien montó aquella gozada de electro-pop que fue Relaxed Muscle, habla también de una línea de perceptible continuidad. Los textos de Jarvis, más allá de la reflexión que actúa como catalizadora, no abandonan lugares ya explorados, como la claustrofóbica situación de "House Music All Night Long", un sentimiento recurrente desde el subtítulo del disco "Freaks": ten stories about power, claustrophobia, suffocation and holding hands. O el costumbrismo salpicado de urgencia sexual que alimenta toda su obra y que aparece nítidamente en "Swanky Modes". Y sin embargo hay algo que asoma, una forma diferente, otro enfoque.

Sutilmente se puede descubrir su evolución en esa suplantación del último Cohen que es "Save the Whale", y resulta más definida en la mimetización con Bowie en "Sometimes I Am Pharaoh". Jarvis utiliza mimbres ajenos para hacer su propia cesta, y aprovecha su característico recitado / cantado para moverse a un espacio en el que sin dejar de ser suyo hay otra luz: es en esa canción que por primera vez formula en público en Barcelona, "Children of The Echo" donde se manifiesta el paso hacia otra dimensión que, si sigue proyectándose hacia el futuro, nos mostrará el nuevo estadio evolutivo de Jarvis. De momento esto es solo una gloriosa transición, un formidable suceso de un artista en su plena madurez. "Siempre pensé que hay mucho por aprender / Pero el eco se desvanece y disminuye su retorno". Son los últimos versos de un disco que se desplaza más allá de las barreras, más allá de la pálida comodidad. "Beyond The Pale".


JARV IS


En la primavera del año siguiente te presentaste  en el Ramsgate Music Hall, entre semana y ante un centenar de personas, cantando cuatro canciones conocidas y siete nuevas que recordaban a las de principios de los noventa con Pulp (¿hay disco a la vista, Jarvis?). Lo habías avisado solo dos semanas antes y sin grandes anuncios, solo unas frases misteriosas: "JARV es trabajo en progreso, JARV es un experimento, JARV es una experiencia en vivo sin barreras".
(Del Capítulo 17. ¿Nos recordarán estas calles?)