En las librerías de Madrid

En algunas librerías de Madrid. 
Imágenes enviadas por Ramiro Domínguez y Javier Cosmen.

Librería Machado
De Tarima, Barrio de las Letras
Amapolas en Octubre
La Central, Callao



En casa ajena

Abril, 2019. Jarvis Cocker, en sus letras, acostumbra a entrar en casa ajena. En estos días lo está haciendo también desde las páginas de "Calles que fueron nuestras".





10 de abril

"Calles que fueron nuestras" es una realidad que se puede tocar y oler. Es hora de agradecimientos, los mismos que aparecen en la primera página. A Ramiro Domínguez, mi editor, que creyó en esta historia sin haberla leído. A Fernando Navarro, que compartió conmigo su emoción y la trasladó al prólogo. A Carlos Pérez de Ziriza, que con unas pocas palabras en la noche benidormí me facilitó algunas claves para hacer más valioso el conjunto. A Javier Cosmen y a Miguel López, que me dieron el mapa para llegar a mi nueva casa literaria. A Rogelio Fenoll, en el origen de todo, una noche de cervezas de hace dos años en la que hablábamos de Kate Bush, pero no solo de ella. Y, siempre, a Angie, que siendo todavía adolescente me enseñó a buscar la belleza en cuanto escribo; y por supuesto, a Rosa, que hizo que las calles de Sheffield fueran también un poco mías.


Esa gozosa rutina

2018. Desde San Juan a San Miguel, las tardes del verano pueden convertirse en una gozosa rutina. A las cinco de la tarde un disco, una taza de té, dos, tres. A las seis el primer mosquito tigre no consigue detener el fluir de la escritura. Una página, dos, tres. Es el primer libro que escribo directamente desde el teclado. Voy dejándome arrastrar por las palabras sin mirar atrás. El verano llega a su fin y con él las correcciones; esas al menos siguen siendo a bolígrafo. Los días menguan y el libro cobra su forma definitiva. 


La farmacéutica de Porter Brook

Este libro no existiría sin ella. Me contagió su devoción por Jarvis Cocker, hizo que soñara con viajar a Sheffield, me guió por sus calles. Suya es la foto de portada y unos breves apuntes antes del primer capítulo.


"Durante cinco meses, hasta marzo, despertaba y veía el mismo cielo. Después ya no lo miré más. Para mí la ciudad era ya un folio abierto en el que todos escribíamos nuestras historias personales, insignificantes pero auténticas." 
(Del apunte introductorio "Estas calles que también fueron mías", por Rosa Campos)




Babies

11 junio, 2018, última tarde en Sheffield. Nos acercamos al Intake, el barrio donde creció Jarvis Cocker. La historia que se narra en "Babies" sucede en Stanhope Road, una pequeña calle próxima al patio de recreo de la Intake Primary School, donde Cocker había estudiado, “hace años”, como dice la canción.



Cocker mezcla el deseo hacia esa chica del instituto - ¿quién no ha soñado con una compañera de clase? - , una escena entrevista con un chico a través de los cristales del aula, y el día en que se escondió con su almohada en el armario de un hotel y se durmió mientras su madre lo buscaba por todas partes. De todo eso nace una historia fabulosa, escrita con una fascinante mezcla de relato fáctico y mirada llena de comicidad, en la que a partes iguales atrae al oyente jugando con lo divertido de la situación y con el componente de excitación sexual.
(Del Capítulo 5. Retratos (sexuales) de una ciudad)

Intake Primary School. Al fondo, Stanhope Road.

Tras la pista de Richard Hawley

Lady's Bridge, Lowedges, Skye Edge, Hollow Meadows. Nombres que nos llevan a la música. Lugares que nos llaman sin que podamos escapar a su llamada.

Sheffield es tu gasolina y tu refugio, el aire que respiras y el cielo que te ensancha la mente, no importa que ese cielo no tenga color la mayor parte de los días, porque tú eres capaz de verlo. Y cuando titulas tus discos con sus lugares no quieres hacer un mapa de Sheffield sino nombrar cosas que tienen un significado para ti, son los sitios de los que capturas la vida y que precisamente por eso convierten en universales las historias que tus canciones cuentan.
(Del Capítulo 16. ¿Nos recordarán estas calles?) 


 

The Wicker

10 de junio, domingo por la mañana. Estamos en The Wicker, calles que conectan con los años en que Jarvis Cocker buscaba darle forma a su proyecto.


Tenías veinte años cuando te instalaste en el viejo almacén sin uso en Sheldon Row. ¿Te has mirado al espejo últimamente, Jarvis? Seguro que sí. Tu mirada no es ya la de entonces. Pero esos dos años en The Wicker fueron algo más que un decorado pasajero, se han quedado en tus canciones. Sin ellos no serías quien eres, sin el sabor de la derrota en tus labios no habrías triunfado, y sin el recuerdo de ventanas canceladas y tejas rotas, del musgo en las aguas del río y el cielo sin color en el color de los charcos, sin todo eso en la memoria habrías sucumbido a la fama y al éxito.
(Del Capítulo 11. Pulp, los últimos de un linaje.)






Coles Corner

Nuestro apartamento en Campo Lane estaba muy cerca de allí y Coles Corner era un lugar de paso diario para nosotros. Es difícil expresar las emociones que te asaltan cuando relacionas esa esquina con la música sublime de Richard Hawley.

Si pasas por allí es muy posible que no te fijes en él, te llamarán más la atención los tranvías de color azul y amarillo, o la catedral gótica que se ve un poco más arriba en Church Street. Como mucho dudarás si entrar a tomar un café en el Starbucks que hay en los bajos del edificio, pero no repararás en su altura ni en esa esquina redondeada en curva, sin aristas. Y sin embargo, ten cuidado, porque si estás esperando a alguien allí, puede que des una impresión equivocada. Porque eso es Coles Corner.
(Del Capítulo 12. En casa.)



The Leadmill

Es cierto que Julio Verne situó la entrada al centro de la Tierra en Snaefellsjökull sin haber visitado nunca Islandia. ¡Por algo era Julio Verne! Pero yo no quería empezar a escribir este libro sin haber estado en Sheffield. Mi puerta de entrada no fue un volcán sino una antigua cochera en Leadmill Road.